URL, WiFi, texto, PayPal, vCard o transferencia SEPA — con logo, colores, degradados y forma de puntos personalizables.
Modos de codificación, capacidad por versión, niveles L/M/Q/H y las reglas de impresión que deciden si un escáner lee o no.
La norma ISO/IEC 18004 define 40 versiones de matriz, desde la versión 1 de 21×21 módulos hasta la versión 40 de 177×177, sumando 4 módulos de lado en cada salto. Lo que entra no depende solo de la cantidad de caracteres sino del modo de codificación: el modo numérico gasta 10 bits por cada 3 dígitos (hasta 7.089 dígitos), el alfanumérico 11 bits por cada 2 caracteres de un juego de 45 símbolos en mayúsculas (hasta 4.296), el modo byte 8 bits por carácter (hasta 2.953 bytes) y el modo kanji 13 bits por ideograma. Por eso la misma URL escrita en mayúsculas suele caer en una versión menor, y en una matriz más chica, que su gemela en minúsculas.
Cada QR reserva parte de sus módulos para bloques de corrección Reed-Solomon, y el nivel elegido fija cuánto daño tolera: L recupera alrededor del 7 % de los codewords, M el 15 %, Q el 25 % y H el 30 %. Subir de nivel no es gratis: la redundancia ocupa espacio y empuja la versión hacia arriba, así que la misma URL con nivel H genera una matriz más densa que con nivel M. El codificador además evalúa 8 patrones de máscara y se queda con el de menor penalización, lo que evita zonas uniformes grandes y secuencias que imiten un patrón de localización, mientras la información de formato se protege aparte con un código BCH (15,5).
En papel manda la geometría. La zona silenciosa obligatoria son 4 módulos en blanco alrededor de toda la matriz; si el diseño la recorta, muchos lectores se rinden. Para el tamaño, la regla práctica es una relación 10:1: el lado del código debe medir al menos una décima parte de la distancia de lectura, o sea unos 3 cm para escanear a 30 cm, y conviene no bajar de 0,4 mm por módulo en impresión. La polaridad esperada es módulos oscuros sobre fondo claro: los códigos invertidos, los degradados y las combinaciones de bajo contraste, como rojo sobre negro, se leen mal. Exportá SVG para imprenta y PNG a 300 ppp o más para pantalla.
No si el código es estático: el contenido queda grabado en la disposición de los módulos, así que editarlo cambia el dibujo. La práctica habitual es codificar una URL corta de un dominio propio y resolver el destino real con una redirección 301 o 302 en el servidor, que sí podés editar después sin reimprimir nada.
Porque la superficie tapada consume el presupuesto de corrección de errores. El nivel H tolera cerca del 30 % de codewords dañados, pero el margen real es menor si el logo además pisa patrones de alineación. Mantené el recorte por debajo de ese 30 %, centrado y con un borde claro alrededor, y no toques nunca los tres patrones de localización de las esquinas ni el patrón de temporización que los une.
Los decodificadores binarizan la imagen en escala de grises, así que lo que importa es la diferencia de luminancia, no el tono. Dos colores muy distintos pueden quedar casi idénticos en gris, y varios lectores directamente asumen módulos oscuros sobre fondo claro y descartan los invertidos. Buscá un contraste alto de luminancia y evitá degradados que cambien el brillo dentro de un mismo módulo.
Limpiá el vector exportado antes de mandarlo a imprenta.
Abrir herramienta →DESIGNMedí la luminancia de dos colores antes de pintar los módulos.
Abrir herramienta →WEBArmá parámetros de consulta válidos para el destino del código.
Abrir herramienta →